lunes, mayo 19, 2008

El chico triste

Un día me encontré sola, tan sola que me ahogaba el aire a mi alrededor. Caminé por la calle en busca de mí, por tener compañía. Recuerdo que no había ni un alma en la calle, al menos no había nadie con quien poder compartir una mirada y una sonrisa sin más, nadie miraba a los ojos de los demás y casi todos parecían esforzarse en parecer lo menos amistosos posible. Y yo me sentía tan sola...
Sentía caer trocitos de mi corazón y ya no me quedaban apenas fuerzas para agacharme a recogerlos, igualmente, hice el esfuerzo y me sorprendió encontrar algo que no había advertido: trocitos de otro corazón que no era el mío. Al fijarme advertí que los trocitos marcaban un camino, como las migas de pan que tiraron Hansel y Gretel, seguí el camino marcado por los pedacitos al tiempo que los recogía. Un rayo de sol, una nube gris, hicieron un efecto de luz del que creo que fuí la única testigo. Justo bajo la nube había un chico, el pelo largo le tapaba los ojos pero yo estaba segura de que derramaban lágrimas.
"Hola, chico triste" dije, apenas susurrando a su oído. Pareció sobresaltarse por un instante, pero apenas se movió, aunque levantó levemente la cabeza oteándome desde aquellos ojos ocultos tras una cortina de pelo. Me pareció que iba a decir algo pero no fue así, sólo volvió a bajar la mirada.
"Me llamo Azdumat, ¿cuál es tu nombre?" Esta vez retiró un mechón de pelo de su cara observándome, se fijó en mis manos. 
"¿Eso es mío?" preguntó desconcertado. 
"Creo que sí, tómalo" el chico triste recogió aquellos restos de sí mismo desconcertado y los dejó a un lado al tiempo que se apartaba el ondulado cabello de la cara y me miraba fijamente a los ojos, buscando algo quizá.
"No me has dicho tu nombre" insistí.
"Antes me llamaste chico triste, ¿verdad?" dijo ladeando la cabeza como para buscar otro ángulo con el que encontrar aquello que buscaba tras mis pupilas.
"Sí, bueno, lo siento si te ha..."
"No, tranquila, ESE es mi nombre..."
Le observé mientras alzaba la mirada al cielo, sin comprender bien lo que ocurría.
"Soy... El Chico Triste.." Susurró, regalándome la sonrisa más triste que he visto en mi vida, y la más bella.

miércoles, abril 23, 2008

La resaca del día siguiente...

No importa el tiempo que pase, ni la distancia que me separe de aquel lugar, ni siquiera importa que no recuerde cómo llegué ahí ni qué sitio era aquel realmente. Supongo que de entre mis cientos de excesos esa noche fue una de las mejores, a pesar de recordar sólo algunos momentos puntuales. Bueno, y la resaca del día siguiente, pero eso ya es otra historia.

Me basta con recordarnos entre copas, bailando, riendo, conociéndonos, yo ni siquiera pensaba en nada más allá del segundo exacto en que respiraba. Pero noté cómo ardía algo bajo mi piel y fuimos a refrescarnos a los baños de aquella ¿discoteca? sí, supongo que era una discoteca. Sudaba, sonreía y me tambaleaba quizá, y en un momento de inconsciencia suprema (bendita inconsciencia) te pregunté. 

"¡¿Mi prima?! Jaja, ¡que va!" Y bajé la mirada sonrojándome avergonzada y deseando desaparecer. "Pero yo... si quieres..." y tendiste el brazo hacia mí.

No soy capaz de imaginar mi expresión en el instante en que, agarrándome a sus manos pequeñas, fui arrastrada a la perdición. Cerré la puerta acercándome a tus labios, y sé que me quemaré en el infierno tan sólo por recordarlo pero aquel beso, el tacto de tu piel en nuestro abrazo, sentir tu corazón latir en las yemas de mis dedos... Se me seca la garganta al recordar tus pechos pequeños en mis temblorosas manos. Lo único que llegaba a mis oídos era el sonido lejano de la música y nuestra respiración que comenzaba a entrecortarse entre leves gemidos inocentes. Hasta que sonó la puerta, y la voz que me llamaba a la realidad, y nuestro momento terminó súbitamente sin apenas haber comenzado.

La vuelta a la realidad fue como despertar de un sueño maravilloso con alguien gritándote cada una de tus obligaciones, quise darme la vuelta y dormir y soñar de nuevo, pero ya me habían desvelado y nos despedimos con dos besos reprimidos.

Volviste, me provocaste, tan sorprendida como yo pero sin reparos en dedicarme canciones y miradas pícaras, a través de una pantalla de ordenador. El tiempo y la distancia apagaron el fuego, dejando sólo las brasas de aquella noche de exceso, y la resaca del día siguiente...

Y que aún se me erice la piel al recordarme contigo...

sábado, abril 05, 2008

La falta

Un día se tocó la mejilla y advirtió que algo faltaba.
Buscó desesperadamente sin saber dónde, sin saber cómo había ocurrido, ni cuándo, ni por qué. Sólo sabía que ya no estaba en el lugar que siempre había estado y aquello le resultaba infinitamente preocupante.
Siempre había estado ahí, desde hacía tanto tiempo... Y, aunque seguramente el resto del mundo hubiera diferido bastante de su opinión, sentía que aquella pérdida era como la de un dedo del pie. No se trataba de algo absolutamente necesario, pero prefieres no prescindir de ello, quizás la fuerza de la costumbre.
Sentía como su respiración se aceleraba mientras buscaba con el temor de saber que el fin de la búsqueda significa el encuentro o la pérdida permanente. Sus latidos estaban más próximos unos de otros cada segundo que pasaba, hasta tal punto que podría decirse que comenzaban a solaparse. 
Abandonó la búsqueda rindiéndose sobre sus rodillas y, entonces, la encontró. Estaba ahí, siempre lo había estado, delante de sus ojos, literalmente. Y ahora se deslizaba de nuevo por su mejilla, acariciando suavemente su piel hasta fundirse en un beso en sus labios.

martes, marzo 18, 2008

Uno más

Con los dedos de las manos y los dedos de los pies, las orejas y la boca todos suman...

domingo, marzo 02, 2008

A(bs)tracción

El tiempo provoca que se pierda el sentido de los días, de cada momento. Y no es que el tiempo importe, importa lo que sucede dentro de él, importa incluso el número de veces que late nuestro corazón cada minuto, especialmente si el número es cero...
El tiempo nos hace olvidar y deformar los recuerdos, idealizar el pasado o prescindir de él para el resto de nuestra vida. Pero olvidamos que el tiempo es abstracto que realmente no existe, tenemos una idea del tiempo y del espacio que en ciertos momentos puede cambiar para hacer que el camino parezca más largo o más corto de lo que realmente es. Olvidamos, que no sabemos situar nada sin implantarlo en un tiempo y un espacio que nos lo hagan tangible.
Y entonces, surge un nuevo problema. Ya es complicado vivir dependiendo de algo tan abstracto como el tiempo como para que a ello se sume la capacidad del ser humano para sentir. Cómo podríamos definir el odio o el amor objetivamente, cómo podríamos afirmar un sentimiento así, cómo puede una persona estar segura de sus sentimientos, cómo sabe que no es simple atracción animal, hormonas fogosas engañando a nuestro cerebro... ¿Cómo puedo afirmar un sentimiento si ni siquiera me atrevo a reafirmar mi existencia?

sábado, enero 19, 2008

Hope

Supongo que me cuesta demasiado tragarme la saliva de los días que he esperado. Tan lejos de casa, tan lejos de todo como si el aire fuera solo aire y en él no se detuviera el tiempo. La vida me dio tantas vueltas que no sé si no de vivir y soportar el pasado y el presente buscando un futuro incierto que no sé si será mejor.
Dejarme llevar por la vida y esperar es el fracaso de todo cuanto esperé...


NOTA: Post de viernes (¿Sábado?) perjudicado corrigiendo faltas y sustituciones de letras unos días después, al recordar haberlo escrito...

domingo, enero 13, 2008

El Desconocido I

Se levantaba cada mañana luchando durante varios minutos con las sábanas, su fuerte nunca había sido madrugar, y se preparaba para el día por pura inercia con los ojos aún medio cerrados hasta que miraba el reloj y se descubría, como siempre, llegando tarde. Entonces acababa de peinarse como podía, cogía sus cosas (al menos de las que se acordaba en ese momento) y salía corriendo por la puerta.
Ana tenía 15 años y tenía que coger el tren cada mañana para ir al instituto así que se puso música y encendió un cigarrillo de camino a la estación. Lo cierto es que ni le apetecía fumar pero era una manera de entretener al tiempo. Cuando cruzaba los jardines privados de los pisos junto al parque escuchó una voz por encima de la música de sus auriculares "no deberías fumar", dijo la voz del jardinero que la miraba , era una mirada como de alguien que ha vivido mucho y que ha sufrido mucho, era un hombre de unos 30 años, quizás algo menos, con barba de unos días. "¿Cómo?" dijo Ana, "que no deberías fumar, es malo para tu salud". Ana, indignada, le miró como a un loco y siguió caminando, sabía que él tenía razón pero, ¿qué derecho tenía?.