miércoles, noviembre 07, 2007

BoneHead

Se había calzado las botas de caza, su cabeza rapada brillaba por la ausencia del cabello, cientos de consignas, símbolos y demás se repetían en su cabeza. Juan era un pequeño bonehead de 17 años que iba a su primera cacería multitudinaria.
Aquella noche iban a ser más de 15 de entre los cuales ninguno podría llamarse su verdadero amigo, sólo eran guerreros en la guerra de asfalto, y sólo soldados rasos, carnaza para los de arriba. Viviendo al servicio de unos ideales demasiado radicales.
Se reunieron en la plaza como se había acordado, 18 boneheads con esvásticas por doquier acechaban con la mirada buscando una víctima desarropada a la que patear con sus puntas de acero hasta la muerte, la parálisis o al menos hasta dejarle preparado para el hospital. Entonces, vieron en el césped un grupo reducido de personas, 5 latinoamericanos que hablaban y reían plácidamente, hasta que vieron acercarse un escuadrón de 10 boneheads hacia ellos.
"Vienen por nosotros" susurró uno de ellos. "Vamonos" rogó una chica a su novio. Se levantaron intentando disimular la huída y con cierto alivio al ver que los soldados no aceleraban el paso, pero entonces, otros 8 se abalanzaron sobre ellos y el escuadro corrió para no perderse el espectáculo.
Intentaron correr, cubrirse, sobrevivir... Pero eran demasiados y pateaban sus cabezas con una ira indescriptible. A la chica sólo la sujetaron entre 3 para que observara con dolor la paliza propinada a sus amigos. Lloraba, gritaba, se le rompía el corazón.
Cuando se cansaron de patearles se fueron corriendo a buscar más presas, Juan se detuvo un instante, sonriente y excitado, con la adrenalina recorriendo su organismo. De pronto notó su corazón pararse en seco, ya no se sentía bien. Conocía a una de sus víctimas, había jugado con él tantas veces, fueron juntos al colegio, recordaba las tardes en el parque, en su casa, aquel sí fue su amigo y ahora estaba tendido, sangrando por la boca, la nariz, los oídos... inmovil, muerto...

1 comentario:

Antonio José dijo...

Desgraciadamente lo vemos demasiado a menudo. El caso es que muchas veces seguramente ocurre como tú lo narras. Un tío con poco cerebro que se escuda en una banda para dar rienda suelta a instintos que seguramente proceden de una pésima educación en el hogar.
Las imágenes del tren de Barcelona son vomitivas, y deberían servir de lección a muchos de los que se creen más por el simple hecho de tener la piel blanca.
Inquieta que existan grupos plíticos que defiendan a esta gente y que puedan estar apoyados por bandas de enrgúmenos.
Bonito el Blog